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A vueltas con el interminable circo de la pobreza en Canarias.

No sé cuántas veces he escrito ya este artículo, obligado por esa realidad recurrente que cada cierto tiempo vuelve, a propósito de la gente que pasa hambre en Tenerife. Y es que el Cabildo de Tenerife en el Pleno de este viernes 28 de mayo de la mano de Coalición Canaria, además de llevar una iniciativa sobre vivienda, desahucios y fondos buitre, necesaria pero a todas luces insuficiente, lleva también otra iniciativa de carácter social por la que se habilitan 3 millones de euros para destinarlos al Banco de Alimentos y paliar así un poco la falta de alimentos de tantas familias de la isla. Una iniciativa que estaría fenomenal de no ser por la cantidad de irregularidades, indignidades, limitaciones y vergüenzas que arrastra este sistema caritativo de los bancos de alimentos, que paso a enumerar brevemente para recordatorio de los que quieran darse por aludidos.

1. Mal estado de los alimentos. El dinero y los recursos van en su mayoría al Banco de Alimentos, pero el Banco de Alimentos no reparte alimentos a ninguna familia, siendo tarea esta de las pequeñas asociaciones y ONGs de barrio, con pocos medios y escaso personal, motivo por el cual en numerosas ocasiones la comida (que ya lleva fecha justa de caducidad) acaba llegando en un estado no del todo adecuado a las familias que lo necesitan.
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2. Favorece la especulación y el lucro empresarial. Hacer un donativo de alimentos a una ONG, puede comportar para la empresa en cuestión una deducción del 35% de la cuota en el Impuesto sobre Sociedades, con lo cual ya la donación no es tan altruista, pues la empresa obtiene un beneficio. Si a esto sumamos que habitualmente las empresas colocan el alimento cuando ya no lo pueden vender, porque falta muy poco para su caducidad, lo que tenemos es un nuevo ahorro en eliminación del producto para la empresa, y una vuelta al punto anterior, esto es: comida en mal estado.

3. Falta de control de los alimentos. Solo en el municipio de Santa Cruz de Tenerife hay más de 40 asociaciones o entidades benéficas que reparten alimentos, con un control y una fiscalización que no siempre es la adecuada. Así, por todos son conocidas esas noticias que a cada poco nos vuelven, con alimentos con el sello del FEGA que aparecen en la basura, cuando no nos cuentan que han visto camiones a altas horas de la madrugada entrando y sacando comida de alguna ONG.
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4. Azúcar y gluten por un tubo. Otra queja habitual de las familias que acuden a las ONGs a por alimentos, es la excesiva prevalencia de alimentos empaquetados con abundante azúcar y mucho gluten, y la notable ausencia de alimentos frescos como las verduras y las frutas, o alimentos más proteicos como la carne y el pescado. Luego nos asustamos por los altos índices de obesidad, hipertensión y diabetes que tenemos en Canarias.
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5. Exposición pública y poco respeto por la dignidad de las personas. Hablamos ahora de las colas interminables a las puertas de las ONGs, para que todo el mundo en el barrio sepa quien es pobre y quien no lo es, por agrupar el reparto en determinados días, por la falta de personal suficiente para hacerlo de manera continuada. No hablamos ya de que te cobren un euro por una comida que debe ser gratuita, que te obliguen a hacer otro tipo de actividades ” voluntarias” si quieres tener acceso a tu bolsa de comida o que tengas que pasar por cuestiones de tipo religioso para que te den algo, siendo como es notoria la vinculación de muchas ONG con determinados credos o religiones (sin ir más lejos, los bancos de alimentos han estado en muchas provincias habitualmente regentados por numerarios de una famosa secta religiosa española).

6. Gasto en intermediarios. Hablamos aquí de la cantidad de dinero que se pierde por esta vía caritativa en conceptos como alquiler de locales, vehículos, gasolina o personal contratado, un dinero que se detrae de lo que debería de ir a alimentos exclusivamente, algo que no sucedería si se implementara de forma generalizada la tarjeta del supermercado que ya funciona en algunos municipios.
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7. Clientelismo político. Lo dejo para el último capítulo, aunque igual debería ir el primero por gravedad. Porque es por desgracia muy habitual que se monten asociaciones y ONGs vinculadas a determinados partidos políticos, y la actividad de entrega de alimentos sea de alguna manera presentada como un favor que ese partido político y esa ONG te hacen, favor que convenientemente te recordarán cuando haya que votar.

Cómo ven, son unas cuantas las irregularidades a erradicar en esta forma de solidaridad mal entendida. Muchas de ellas sino todas se evitarían con la mencionada tarjeta de crédito del supermercado, recargada con saldo suficiente. ¿Querrán sus señorías nuestros políticos acabar con este circo lamentable alguna vez? Me da que va a ser complicado por estas latitudes, pero bueno, por recordarlo que no quede.

Eloy Cuadra, escritor y activista social.

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