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Peñón Rock, o la confirmación del Puerto como referente musical *.

* Artículo autocensurado en la revista Culturamanía (así está el patio).

Costó decidir el concierto al que asistir este fin de semana, en la vorágine festivalera que lleva siendo Tenerife desde el verano para acá. Por el camino quedó el MantaFest de La Esperanza, con un cartel interesante del que destacaban los vascos Belako, grupo ya consolidado del panorama rockero alternativo. También dejamos a un lado el ULL Rock del Aguere Cultural poniendo en valor a grupos locales emergentes, no pudo ser este año. Y así nos fuimos otra vez al Puerto de la Cruz, a la explanada del muelle, a disfrutar de una nueva entrega del festival Peñón Rock. En mi caso, iba especialmente por los “americanos” Red Beard del canarión Jaime Fleitas, con ciertas expectativas pero no demasiadas del resto del cartel, dado que nunca fui de grupos tributo, ni de Los Ronaldos, ni de Los 40 Principales de Fernandisco, y Nat Simons era una completa incógnita.
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He de decir que fue toda una sorpresa y de las buenas escuchar a Natalia García Poza (Nat Simons) y su banda sonando sobre el espectacular escenario del Peñón Rock, una delicia ver cómo se van incorporando además con tanta calidad numerosas voces femeninas al panorama rockero nacional, haciendo bueno el viejo estribillo setentero “las chicas son guerreras”, de los pioneros COZ.
Sin esperar demasiado llegó mi plato fuerte, la rara avis que supone contar con un grupo de country rock americano con sede en Gran Canaria y formación básicamente isleña. Cumplida actuación aunque sin alardes la de los barbas rojas, evolucionados con el tiempo hacia un sonido más duro, más eléctrico y contundente, puro rock americano. Cierto que por el camino han perdido algún que otro banjo y violín, y parte de sus originales aires bluegrass y country. Creo que gustaron al respetable en todo caso, un público que a esa hora de la tarde ya empezaba a llenar el recinto del festival portuense. Aunque, siento decirlo, esperaba algo más de mi banda canaria preferida, que no tocó prácticamente nada de su repertorio primitivo, la magistral e hipnótica “the fence”, por ejemplo, y uno se queda con la sensación de que han perdido en originalidad con la evolución más eléctrica del grupo, en un estilo que uno ya parece haber visto en otros mejores como Robert Jon and the Wreck o los Steepwater Band.
También sorpresa por lo positivo lo de Coque Malla, y es que no es fácil que un cantante con poca voz que pasó por los 80 y 90 sin pena ni gloria con un grupo limitadito como Los Ronaldos, consiga mantenerse a flote y tan bien casi 40 años después, físicamente para empezar, con su repertorio actual lleno de canciones clásicas de su grupo original revisitadas y actualizadas, a lo que mucho ayudó la espectacularidad del escenario y la potencia y calidad del sonido del concierto. Está claro que con decibelios en el rock todo es más fácil. Lo que no pudo contener el líder de Los Ronaldos, y eso hay que anotárselo en su debe, cosas del orgullo, fue que no se tomó nada bien la poca entrega de cierta parte del público con ganas de que se fuera para dar paso al tributo a Queen, con algún comentario y gracieta que le sobró.

Mención aparte para este invento ya no tan moderno de los deejays en los conciertos, un asunto que a los más puristas de los festivales de rock no agradará mucho, yo el primero, pero he de decir que animó bastante la noche el señor Fernandisco con sus sesiones ochenteras, sesenteras y en especial la última de los 90 en los interludios, con algunos momentos apoteósicos de la música electrónica y discotequera, algo que no pegaba demasiado entre bandas de rock and roll todo hay que decirlo, pero animaba bastante y sonaba muy bien, y en un mundo cada vez más ecléctico tal vez sea lo que toca.

Y en este punto de la noche, rondando ya las once, saltaron a escena los que dicen que son la banda tributo a Queen más espectacular y lograda del planeta, según, entre otros, la prestigiosa revista Rolling Stone. Y bueno, ¿qué podemos decir?, Freddy Mercury siempre será único e insustituible, y no resulta reto fácil emular a la legendaria banda británica, pero estos chicos de “Dios Salve a la Reina” lo hicieron este sábado en el Puerto de notable alto, no solo por el parecido físico y la puesta en escena, también y sobre todo por la música, en hora y media que dio para repasar buena parte del amplio repertorio de la banda del señor May, de entre las que no faltó el clásico “Bohemian Rhapsody”, uno de los temas más logrados, originales y difíciles de interpretar de la historia del rock, que el cantante Pablo Padín supo defender de manera espectacular y su banda también, con alusión especial al guitarrista muy por encima de cualquier expectativa. Y así, la magia de la música volvió a hacerse presente, y a poco que se esforzará uno, podía acaso sentir minimamente lo que pudieron haber sentido los que presenciaron a Queen en los míticos conciertos de Wembley en los 80, en lo que fue un perfecto colofón a una tarde noche the rock y música de lo mejor de este septiembre-octubre musical canario.
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Un único pero aunque importante a la organización, muy mal eso de poner al público VIP frente al escenario en la parte más próxima, no es lo habitual en los conciertos de rock, los VIP suelen ir en una zona reservada alta en los laterales junto al escenario, con catering especial y esas cosas de ricos, para dejar espacio próximo a los cantantes para los groupies y aficionados más fervorosos de las bandas, los que tienen habitualmente menos dinero para pagar la entrada más cara. Este patinazo de la organización llevó a la paradoja de pasar buena parte del festival con poca gente alante y mucha gente atrás, en un reparto que no ayudaba en nada a que grupos y público conectarán.
En cualquier caso, este detalle no empaña en absoluto lo que veníamos apuntando en el título de esta crónica, el Puerto de la Cruz es con merecimiento el municipio rey de los festivales de música de Canarias de un tiempo a esta parte, con una apuesta decidida y continuada que nos ha regalado en pocos meses el Cook Music Festival, con unos cuantos fines de semana seguidos de conciertos y actuaciones veraniegas de los más variadas, de entre las que destaco lo acertado de traer a la que puede ser la mejor banda de rock nacional del momento, Los Zigarros, pasando por el ya consolidado Phe Festival de agosto, con lo mejor del pop alternativo y emergente, sin olvidarnos del festival Más que Rock, para los amantes del heavy metal más duro, hasta llegar a este Peñón Rock que ya va por su quinta edición, y que esperamos tenga muchas más de igual o mayor calidad, para seguir manteniendo a la hermosa villa norteña como referente del panorama rockero nacional.

Eloy Cuadra, escritor y activista social.

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