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Ser humano canario: especie amenazada.

En biología, cuando hablamos de especie amenazada nos referimos a aquella que puede llegar pronto a estar en peligro de extinción si siguen operando factores que deterioran o modifican su hábitat y disminuyen sus poblaciones, en favor de otras. Me viene ahora a la memoria el pez siluro, una especie exótica invasora que frecuenta muchos ríos de la España peninsular, que está expulsando por su voracidad a otras especies autóctonas. Pongo este ejemplo porque la mayoría de las especies amenazadas que luego pasan a estar en extinción y que posteriormente se extinguen lo hacen porque hay otra especie más poderosa que la arrincona hasta eliminarla. Y la pregunta es: ¿podríamos llevar esta reflexión de la biología a la geografía humana de Canarias? Salvando las distancias que nos separan a los canarios de un pez, de un pájaro o de un lince, a simple vista parece que funciona la misma lógica: un espacio geográfico determinado (para el siluro y los demás peces es el río, para nosotros es Canarias), con una población autóctona y otra población invasora, peleando ambas por los escasos recursos que hay en el limitado espacio en el que competimos. En ambos casos funciona la ley del más fuerte, en la naturaleza la ley del más fuerte literalmente hablando, y en la geografía humana la ley del más fuerte económicamente.
siluro
A día de hoy el siluro es un auténtico problema para la pervivencia de buena parte de la fauna marina peninsular, a punto incluso de entrar al parque de Doñana. Las administraciones trabajan desde hace tiempo en distintos planes para limitar su expansión en defensa de las especies autóctonas. Si seguimos con el paralelismo y nos vamos a lo que sucede poblacionalmente en Canarias, vemos cómo en islas como Lanzarote y Fuerteventura la población extranjera está en porcentajes elevadísimos, un 30% en la isla majorera y en torno al 25% en Lanzarote. Si a la población extranjera de estas dos islas le sumamos la población peninsular (es famosa la comunidad gallega pero hay otras muchas), nos encontramos con que el canario autóctono es ya minoría clara en ambas islas. Una minoría que se acrecienta aún más si tenemos en cuenta la población flotante de turistas que soportan. En Tenerife y Gran Canaria la lógica de arrinconamiento del canario autóctono es la misma aunque los porcentajes de población extranjera no son tan alarmantes en relación con la población canaria. En Tenerife y Gran Canaria el problema mayor se observa en el impacto contra el medio ambiente a causa de la superpoblación desmedida que soportan ambas islas y el desarrollismo descontrolado que deviene de esta superpoblación, retroalimentándose ambos (superpoblación y desarrollismo) en un ciclo interminable. En las tres islas verdes en cambio la problemática es diferente, en La Gomera, La Palma y El Hierro la población permanece estable o incluso decrece, básicamente porque no hay oportunidades adaptadas a la demanda y la población joven se marcha, y la vieja se muere, sin relevo generacional.
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Si cerramos el foco y observamos cómo es el proceso con más detalle, comprobaremos cómo el canario autóctono se ve expulsado de su propio hábitat por las condiciones voraces y descontroladas del sistema económico. Así, el mercado demanda personal de alta y media cualificación para ocupar puestos de trabajo en el sector turístico, en las tecnológicas o en dirección y gestión de empresas, la mayoría de capital peninsular o extranjero, y en base a su lógica de cercanía prefieren contratar a personal peninsular o extranjero antes que a canarios. Del mismo modo las administraciones públicas demandan funcionarios, y como no hay límite o barrera alguna como sí la hay por ejemplo en Cataluña o País Vasco con la lengua, acuden peninsulares en masa a ocupar esos puestos de funcionario en las administraciones canarias, normalmente con un nivel educativo y de recursos mayor que un canario, y acaban en la mayoría de casos expulsando también al canario de esos puestos de oposición. El resultado de esta dinámica económica es que muchos canarios formados y titulados se tienen que ir fuera de Canarias a buscarse un futuro, a vivir como parias desarraigados allá donde les toque.

superpoblacion
Por la parte baja de la ecuación laboral ocurre tres cuartos de lo mismo: el sistema económico demanda mano de obra sin cualificar para el sector servicios, para la hostelería, para la agricultura o para los cuidados, y como aquí lo que rige es el máximo beneficio con el mínimo coste, las empresas no se cortan en absoluto en contratar al trabajador que esté dispuesto a trabajar por la mínima cantidad de sueldo por el mayor número de horas posible, incluidos trabajadores sin contrato ni papeles en condiciones de semiesclavitud. Y así tenemos los sures turísticos con marroquíes, sudamericanos, filipinos y europeos del este copando buena parte de los puestos en servicios y hostelería, con africanos y sudamericanos cubriendo la agricultura y señoras sudamericanas cuidando a nuestros mayores la mayoría en negro. Y en este caso no es que los canarios se nieguen a ocupar esos puestos de trabajo, es que los empresarios mayoritariamente no quieren a los canarios porque no los pueden explotar suficientemente. Y así, tenemos lo que me contaba un compañero hace un par de días, más de 30 jóvenes de un solo barrio de la ciudad de Santa Cruz se han marchado a Holanda en los últimos meses, para que los exploten allí los holandeses aunque con unas condiciones un poco mejores que las de aquí. El proceso de expulsión de la especie autóctona canaria se completa con el acceso a la vivienda, encarecido de manera considerable por la población extranjera o peninsular residente o turista con alto poder adquisitivo, a lo que se suma la promoción desaforada del destino Canarias que se está haciendo buscando el récord de turistas cada mes, o la crisis energética que tiene a media Europa helándose de frío deseando venir a Canarias. Y por la poca vivienda que hay, como en el trabajo, también se compite por abajo, y de nuevo el canario autóctono se ve perjudicado, en este caso por la población extranjera sin cualificar que no tienen problema en vivir en pisos patera 8 o 10 personas hacinadas, dado que su objetivo único es enviar dinero a sus familias en sus países de origen.

Así tenemos lo que tenemos, como leemos en un titular del digital AtlánticoHoy del 24 de mayo de este año: “Las ciudades canarias, a la cola en natalidad, esperanza de vida y empleo. El paro estructural en Canarias ha provocado una caída de la natalidad en los últimos años | En los municipios con más desempleo se vive menos.” Lógico, el pobre tiene una esperanza de vida de entre 10 y 15 años menos con respecto al rico. Los canarios autóctonos, que son y seguirán siendo la mayoría básicamente más pobre, tendrán menos hijos y se morirán antes, y gracias a la aporofobia reinante (odio o desprecio al pobre) serán culpabilizados, perseguidos, encarcelados o apaleados sin miramientos hasta que la mayoría mueran también de pena o de agotamiento, o decidan marcharse.
lucha canaria
Este y no otro es el proceso que se está dando irremediablemente en Canarias. Algunos pensarán que exagero, otros me insultaran llamándome xenófobo o racista por observar también lo que sucede en las capas bajas de la sociedad, pero es esta aunque no guste la realidad que nos avasalla y camina inexorable. La fauna humana que habita Canarias compite de manera salvaje y despiadada por los recursos y por el territorio, y en esta batalla el canario autóctono está perdiendo, como las carpas, las truchas y otros peces habituales de los ríos peninsulares frente al siluro. Acabando con el paralelismo, si se toman medidas para proteger a los peces de los ríos peninsulares de toda la vida, ¿por qué no también para proteger a los canarios? Sea cómo fuere, aún estamos a tiempo de luchar para que este proceso se revierta, y es urgente implantar medidas correctoras que protejan al ser humano canario como especie amenazada antes de que sea demasiado tarde. Algunos, algunas, activistas y personas comprometidas con esta tierra nos estamos organizando y lo vamos a intentar, aunque somos todavía pocos. Es por amor, créanme, amor por esta tierra y sus gentes, no hay otra pasión más que esa. En fin, si se animan a luchar ya saben dónde encontrarnos.

Eloy Cuadra, escritor y activista social.

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