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La explosión de VOX, o el nacimiento de una nueva categoría.

Es la noticia de estas elecciones: casi de la nada 12 diputados para un partido xenófobo de ultraderecha en Andalucía. Y helo aquí el primer y más grave error de análisis, intencionado tal vez, al colocar a este partido en la derecha, ultra, pero derecha al fin y al cabo. Alguien dirá: “Es que hay que colocarlos en algún sitio y el paradigma es derecha e izquierda”. Pues el paradigma ya no nos sirve. No sirve cuando lo ponen bien claro entre sus objetivos como partido: “anteponer las necesidades de España y de los españoles a los intereses de oligarquías, caciques, lobbies u organizaciones supranacionales”. No sé qué opinan ustedes pero para mí este punto choca muy a las claras contra el primer y casi único dogma de las derechas de toda la vida, esto es, servir a los caciques, a los oligarcas, a los lobbies y las organizaciones supranacionales que manejan el dinero del mundo, por encima de los intereses del pueblo, en favor de sus propios intereses personales. Cierto que en otros puntos de su ideario tienen muchas similitudes con otros postulados de la derecha tradicional, pero en ese primer punto lo dejan claro y no hay ya forma de meterlos en la derecha por mucho que queramos, porque rompen con su único y verdadero mandamiento, que no es otro que adorar al Dios Mammón, el Dios del dinero. Ellos ponen a España y a los españoles primero, a la gente, a la de aquí, primero.
vox

La pregunta que cabe entonces es clara: ¿por qué los sitúan en la ultraderecha si no cumplen con el requisito principal de la derecha? Piensen un poco, es evidente: porque ofrece coartadas exculpatorias a todos los demás. A la derecha auténtica (PP, Ciudadanos) porque así, al colocarles el cartel de “ultras” los cargan de un componente negativo claro, y pueden mostrarse ellos como la derecha buena, la derecha chachi, la derecha moderada, la derecha democrática, a la que hay que votar si no queremos que vengan estos fanáticos descerebrados a llevarnos a la Edad Media otra vez. Y a las supuestas izquierdas (PSOE y Unidos Podemos) aún más claro: les permiten encontrar un enemigo feroz al que apuntar como el nuevo Satán y tapar con ello sus vergüenzas, sus dimisiones, sus abandonos, sus cobardías y sus mentiras, que son muchas, olvidando así hacer un mínimo de autocrítica, urgente y necesaria.

De esta manera, los profesionales de la partitocracia que conforman estos partidos tienen sus coartadas y pueden seguir jugando a este juego tan lucrativo para ellos sin que nada cambie, sin que sus tinglados sufran. “Llega uno nuevo, no hay problema, lo colocamos en la ultraderecha y seguimos como hasta ahora, y ya está”. Pues no está, no está porque la gente no es tonta. Estamos ante un nuevo escenario, unas nuevas reglas, un nuevo reparto de espacios y cuanto más tarden en aceptarlo sus señorías más dura será la caída, y peor será para todos.

Y llegamos así a la siguiente pregunta: ¿cuál es el nuevo escenario, el nuevo paradigma, el nuevo reparto de espacios? Y otra vez lo tendremos si nos fijamos un poco: a un lado, la casta, a otro lado, los que no lo son, y los que no los creen. Sé que esta afirmación puede resultar dura, y me pueden tachar hasta de filovox –si bien esto último queda anulado por completo por mi biografía histórica, humanista, universalista, siempre del lado de inmigrantes, gente pobre y madres precarias-, pero es el análisis que puedo hacer si quiero ser fiel a lo que sucede. Como muestra un ejemplo: en el pueblo en el que me crié, en Málaga, han votado y casi 400 personas, cerca del 15%, lo han hecho por este partido VOX. ¿Son todos fascistas, franquistas, misóginos, xenófobos y racistas? Ni mucho menos. Es un pueblo pequeño de pescadores, de agricultores y comerciantes minoristas, un pueblo que además fue represaliado por el franquismo. Es un pueblo de gente humilde, buena gente, con buena parte de su población desempleada muy harta de ver siempre a los mismos contando mentiras que nadie se cree y ningún problema solucionan.
Iglesias-Sanchez-Rivera

Y este y no otro es el nuevo escenario, a un lado tenemos a la casta, casta de izquierdas o casta de derechas, da igual, son rótulos, como títulos nobiliarios, pero al fin y al cabo son lo mismo, gente que vive muy bien, que discute y representa la farsa que toca, en el ayuntamiento, en el parlamento o en la televisión, para que las cosas que de verdad importan a la gente sigan igual que siempre, sin solucionarse. Toda esta farsa, toda esta progenie de vividores de derechas y de izquierdas conforman un grupo, un espacio, y tienen sus votantes, sus simpatizantes, la gente que todavía se los cree. ¿Se han fijado que ahora de repente, los cuatro –PP, PSOE, Cs y Podemos- coinciden, y todos comparten el rechazo a ese nuevo enemigo común, el populismo “de derechas”, los ultras de VOX? Y bien, en ese compartir enemigo se retratan, y nos muestran que son lo mismo, los cuatro.

Así llegamos al siguiente espacio electoral, el de la gente que de verdad lo pasa mal -o no- y busca una alternativa diferente, gente que ha dejado de creer en los vendemotos de los partidos tradicionales convertidos en casta. Gente que es pobre, o no, que está en el paro, o no, gente que no tiene casa, gente que no encuentra futuro pero no está ideologizada y no se cree los cuentos de PSOE y Podemos, y no los votan. ¿Porque no me van a hacer creer que en el PSOE son de izquierdas o son honestos cuando los han pillado a casi todos haciendo trampas y escondiendo riquezas al fisco sin nada que envidiar a las Cifuentes o los Casados de turno? ¿Y qué decir de Podemos, señoritos intelectuales pijos al son del Mesías del chalet de 600.000 euros? Lo cierto es que buena parte del electorado español está cansado de sufrir y de que le tomen el pelo, así, aparece un partido como VOX que dice y promete mucho de lo que la población cansada quiere oír, y la gente los vota, y más que los votarán si las cosas siguen como están. Este es el segundo espacio que tenemos que entender que está y ha llegado para quedarse, y no está en la derecha ni en la izquierda, está ahí afuera, pueden llamarlo populismo, trumpismo a la española, radicalismo ultranacionalista, llámenlo como más les guste, en el fondo es el miedo, es la salida fácil, es la involución hacia la que nos encaminamos, parece que sin remedio.
No-Future-Girl-Balloon-by-Banksy

Pero no se acaba aquí el reparto de espacios, hay un tercero que poco se nombra y que también es numeroso e importante, aunque silencioso: el de la gente que también lo pasa mal, o no, y que ya no cree en el juego tal cómo está montado, no cree en los primeros, por farsantes, tampoco en los segundos, por retrógrados. Son gente como yo, resignados, nihilistas, de los que abandonan Omelas, el paraíso prometido, para caminar por el desierto sin saber muy bien hacia donde ni en busca de qué, gente que no votará nunca o lo hará nulo, hasta que no llegue en verdad una opción honesta y humana, una opción que a la vista del devenir de los hechos cada vez resulta más lejana, utópica e imposible.

Eloy Cuadra

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